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[Historia] La Flota Insomnia. Cap 3. Éxodo - 3ra Flota Division Hispana INSOMNIA

[Historia] La Flota Insomnia. Cap 3. Éxodo

 avatar  por Coroneljota el Vie Feb 01, 2013 7:17 pm

El contralmirante Xankust se irguió en toda su imponente presencia, y se llevó las manos a la espalda, al tiempo que clavaba sus frios ojos en su interlocutor.
-Teniente, me temo que no le comprendo.- la amenaza insertada en su tono de voz era suficiente para helar la sangre en las venas. El joven oficial de seguridad frente a él tragó saliva, y los dos hombres que le acompañaban se removieron incómodos, poco dispuestos a cruzar la mirada con el almirante.
– Ya… ya ha oído la acusación, almirante. Le ruego entregue su arma y nos acompañe de forma pacífica. Tenemos orden de disparar si se resiste… señor –
Xankust negó con la cabeza lentamente, mientras su mente trataba de superar su inicial estupor y ponerse a la altura de lo que estaba pasando. -Entonces será mejor que me dispare ahora, Teniente, porque no voy a entregarle mi arma, y mucho menos voy a…- El final de la frase murió en sus labios al resonar por toda la habitación el estruendoso zumbido de un disparo de phaser a toda potencia. Más que el miedo fue la sorpresa la que silenció al Almirante, al tiempo que sentía un calor extremo en el lado derecho de la cara, acompañado por el olor a pelo quemado. Su mente se aferró de forma absurda a la ira al darse cuenta de que le habían vaporizado una patilla. El nerviosismo del joven oficial había provocado que errara el disparo.
El almirante reaccionó una décima de segundo antes que sus adversarios y se dejó caer de lado, detrás de la mesa, mientras los disparos vaporizaban la bandera de la Federación a su espalda. Aprovechando el ángulo de caída desenfundó y desde el suelo lanzó tres disparos por un lado de la mesa que derribaron a uno de los oficiales, volvió a ocultarse tras la mesa. Oyó, a la vez que sintió, varios impactos en la superficie de caoba de su escritorio, y en cuanto sintió una vacilación en la cadencia de disparo, puso en acción sus cuidados músculos, embistiendo hacia delante con la mesa como escudo y ariete. El impacto derribó a sus atacantes y le dejó paso expédito hacia la puerta.
Corriendo por los pasillos se permitió por fin pensar en la situación en conjunto. Llegar a la nave, emitir un comunicado, y reunir a los que aun le fueran leales en el punto de encuentro de emergencia. < Bien > pensó para sus adentros < Pensando en algo como esto fue por lo que Belkalel envió a Krysta a esa estúpida misión de reconocimiento.> Con una sonrisa lobuna se detuvo en mitad del pasillo, y pulsó su comunicador. =/ Xankust a puente. Alerta Magenta. Transporte inmediato. \=
El contralmirante Belkalel miró a ambos lados del pasillo mientras sus ágiles dedos tecleaban con velocidad en la consola. Una gota de sudor recorrió su mejilla mientras se esforzaba por terminar lo antes posible. Que la Embajada estuviera prácticamente desierta a esas horas no era motivo para pasar allí mas tiempo del estrictamente necesario. En cualquier momento alguien podría pasar por ese pasillo y recordar el aviso de seguridad que hacía pocas horas antes había convertido a la USS Neuromante y a su capitán en proscritos para la Federación.
Proscritos que no podrían descansar hasta que borraran de los registros de la Flota Estelar cualquier referencia a los protocolos de emergencia que el contraalmirante Xankust había decidido activar como manera de reunir a su alrededor a los que aún eran leales.
Belkalel pulsó un último icono de la pantalla, y con un pitido esta comenzó a borrar teras de información que contenían los últimos meses de trabajo, esfuerzo y dedicación que ambos, Xankust y él, habían dedicado a la División. Se mantuvo inmóvil unos segundos frente a la consola, tiempo para reciclar sus negros pensamientos en algo mas productivo, e introdujo el último comando en la consola. Después pulsó su comunicador con un suspiro de alivio.
=/ Belkalel a puente. Transporte. \=
Mientras su figura se desdibujaba hasta desaparecer en medio de un torrente de energía azulada, la consola inició su proceso de transferencia de códigos, planos de estructuras, localización de almacenes, patrullas fronterizas, y un largo etcétera de información vital.
Les habían obligado a marcharse, si. Pero no lo harían con las manos desnudas.
La ráfaga de phaser golpeó de forma brutal, reduciendo la cobertura metálica a escombros humeantes, y vaporizando cualquier cosa tras ella. Tan sólo unos segundos antes, el Capitán Instructor Acl se encontraba agazapado tras ella, pero ahora corría a toda velocidad con la cabeza gacha. Saltó por encima de los restos de una torreta de prácticas para ponerse a cubierto detrás de un mamparo, ayudado sin duda en su vuelo por el impacto de una granada unos pocos metros detrás de él. Cayó al suelo con estrépito y se hizo un ovillo cubriéndose la cabeza con las manos para protegerse la lluvia de escombros.
– ¡Eh, con explosivos no vale! – Gritó desde detrás de su precaria cobertura, tratando de infundir a su voz un tono de tranquilidad que desde luego no sentía. – ¡Esta no es la holocubierta, y seguro que al final me toca a mi barrer todo esto! – Una nueva ráfaga de phaser fue la única respuesta a su bravata. < Estupendo. A este paso acabarán conmigo en mi propio campo de pruebas. > Sacó la mano por un lado del mamparo y lanzó tres disparos en rápida sucesión, derribando a uno de los oficiales de seguridad que se le acercaba brincando de cobertura en cobertura. El resto mantuvo la cabeza gacha y a cubierto. < Otro puñado de segundos mas de vida por cortesía de mi phaser de mano. >
“Tener un mal dia” acababa de convertirse en el eufemismo del siglo para representar aquella mañana. El personal de seguridad de la División irrumpiendo en una sesión de prácticas, el revuelo al escuchar en directo de que se le acusaba, las protestas de algunos cadetes, la pelea que se había formado entre los que creían la versión de la Federación y los que defendían a Acl, hasta que alguien disparó, y desde entonces llevaba casi una hora corriendo por el campo plagado de trincheras, muretes, maniquíes y proyecciones holograficas, tratando de salvar su culo. Y se le estaban acabando los trucos. Lanzó una mirada por encima del parapeto, y se le cayó el alma a los pies. Aquellos chicos eran buenos, y le estaban rodeando. Si al menos tuviera alguien con él…
Una nueva ráfaga de phaser pasó por encima de su cabeza, obligándole a encogerse, pero la preocupación en su rostro dio lugar a la confusión al comprender que el disparo no iba contra el, sino contra sus atacantes, y cambió a incredulidad cuando un oficial aterrizó tras la cobertura junto a él con un rifle phaser en las manos.
– ¡¿Yalil?! – Apenas podía creerse que el enjuto Vulcano estuviera allí – ¿Como has llegado aqui? –
El capitán Yalil lanzó una granada por encima de la cobertura y miró a su amigo. – Escuché la lista de acusaciones contra ti por el canal de noticias de la División, y la encontré tan irreal que imaginé que necesitarías un rescate por lo… – la explosión de la granada y los gritos de los heridos le silenciaron unos segundos – … y mi conclusión fue que acudir en tu ayuda en solitario mientras llegaban nuestras naves era el camino más lógico. –
Acl asintió despacio, demasiado saturado de información como para responder algo más rápido – Vale, ¿y ahora que hacemos? ¿Tienes un plan? – Yalil negó con la cabeza. – Bueno, la primera parte del plan era llegar hasta ti. Sin embargo, no esperaba llegar tan lejos, asi que aun no tengo la segunda – La seriedad con lo que admitió semejante situación arrancó una carcajada a Acl.
– De acuerdo, Vulcano cabezota. la segunda parte es que tú y yo vamos a salir de aquí, y vamos a llegar a tiempo al punto de encuentro. Y lo vamos a hacer ignorando todo lo que llevo años enseñando sobre tácticas de tierra. – Se miraron el uno al otro unos segundos, y tras un leve cabeceo de asentimiento saltaron la cobertura y echaron a correr, disparando sin cesar al enemigo.
En el puente de la USS Hespérides, aquellas mujeres destacaban por muchas cosas.
La primera, por la tranquilidad que ambas mostraban, pese al nerviosismo y la actividad que a su alrededor se desarrollaba. Las dos permanecían inmóviles, una junto a la otra, mirando la pantalla principal.
La segunda, por su parecido físico. ambas mostraban implantes Borg visibles, si bien en una de ellas eran mas acusados que en la otra, y sus facciones, aunque alteradas por las batallas libradas y las mejoras recibidas, parecían muy similares.
La tercera es que, de hecho, se trataba de la misma persona. Las dos eran Krysta Jameson.
La Krysta náufraga de una dimensión paralela, junto a la Krysta que fue asimilada por los Borg, y posteriormente rescatada por la primera. Capitana y primera oficial de una de las naves más avanzadas de la flota. Unidas por un vinculo a nivel neural que les permitía pensar y reaccionar a velocidades casi inhumanas, y que potenciaba sus capacidades betazoides de forma extraordinaria. Dos personas idénticas en una misma realidad, condenadas a permanecer una junto a otra durante el resto de su vida, pues la distancia sería su sentencia de muerte.
Contemplan, a traves de la pantalla los resultados del último escanner, utilizando los nuevos sensores recibidos por el ingeniero jefe del Almirante Akira Sulu. Tecnología que no debería existir, extraía por medios que no se deberían hacer jamás públicos, para buscar una manera de detener una amenaza que ni ellos mismos terminaban de comprender.
– Aqui no encontraremos nada – la voz de Krysta suena tensa, preocupada.
– Iremos al siguiente punto, y lo volveremos a intentar – la de Cinco de Siete suena monocorde, vacía.
– Hay gente que depende de nosotras – Cuando hablan a la vez suenan firmes, decididas.
< Los encontraremos >
La Comandante Caroline Maltrench, Directora de Personal de la Flota, y Capitana del USS Vengatiure VI, Maldijo por décimo séptima vez entre dientes y se sujetó al respaldo de la butaca de mando para no caer al suelo. A su alrededor sus oficiales rodaban por el suelo, tras la sacudida que sufrió la nave por efecto del fuego enemigo.
– ¡Maldita sea, giramos a 270 y fuego con todo a las siguiente coordenadas… YA! –
la Vengatiure se lanzó hacia delante y hacia abajo a toda velocidad, obligando a Caroline a sujetarse una vez más al respaldo de la butaca. La descarga de los cañones principales vaporizó uno de los motores de la nave atacante, que quedó inerte y a la deriva, dejando tras de si un rastro de escombros y chatarra.
– Eso es, ahora quiero un canal con la otra nave, la… – consultó un segundo una pantalla auxiliar – la USS Concordia.
Apenas escuchó la respuesta de su oficial en la consola de comunicaciones, pues en mitad de la repentina calma provocada por su maniobra, se había permitido una pausa para reflexionar.
En todos sus años como capitana de una nave estelar, jamás se había enfrentado a una emboscada tan chapuceramente orquestada. Dos contra uno, en el mundo de los enfrentamientos entre escoltas, era una condena de muerte para la nave en inferioridad numérica, pero estaba claro que sus adversarios no esperaban que presentara tanta resistencia. Llevaba preocupada toda la semana, y ahora empezaba a atar cabos.
Primero no llega su relevo, obligando a la USS Vengaiture a permanecer una semana mas de lo pretendido en su misión de exploración. Después llega el mensaje de la Hespérides con un galimatías sobre coordenadas de navegación encriptados y sistemas estelares sin explorar.
Y al volver al espacio de la Federación para transmitir el mensaje, la acusación de alta traición y el intento de abordarla.
La consola pitó, mostrando el canal abierto.
=// Comandante Caroline Maltrench a la USS Concordia. Tiene exactamente cinco minutos para desaparecer de nuestro alcance de sensores o correrán la misma suerte que el montón de chatarra que flota inservible ahí fuera. Vengaiture VI Fuera. \\=
Cortó la comunicación pulsando un botón y por fin se permitió el lujo de tomar asiento en la butaca de mando. Mentalmente organizó su lista de tareas. Acabar con el enfrentamiento.
Rearmarse por las buenas o por las malas en el arsenal mas cercano. Acudir al punto de encuentro de emergencia.
La Concordia empezó a acelerar a medida que maniobraba para situarse en vector de intercepción hacia la Vengaiture.
< Eso es que no se van > Su sonrisa de depredador iluminó su rostro.
– ¡FUEGO! –
El contraalmitrante Xankust se frotó el puente de la nariz con dos dedos y pulsó un botón de su butaca de mando.
=// A toda la flota, les habla el Almirante. Hemos recibido un nuevo rumbo. Transmitiendo ahora. Partimos en tres, dos, uno… Warp. \\=
Las pantallas del puente se llenaron de estelas plateadas en la oscuridad del espacio, cuando la pequeña flota se puso de nuevo en marcha, apenas cuarto de hora tras su llegada a aquel sistema que ahora abandonaban. Era un ritmo infernal, pero desgraciadamente necesario. Ninguno de ellos quería seguir cruzando phasers con la Federación, y ninguno estaba dispuesto a entregarse. No podían detenerse.
No viajaban a ciegas, aunque la sensación de incertidumbre les acompañara durante todo su viaje. Seguían rutas de navegación dejadas en balizas de comunicaciones por la USS Hespérides. pedacitos de esperanza camino al vacío inexplorado del cuadrante Delta. Un largo viaje para la docena de naves estelares autoexiliadas de la Federación.
Teniendo en cuenta lo poco que se sabía acerca de la capitana del Hespérides, y los escasos contactos que el almirantazgo tuvo con ella, a punto estuvo de ignorar sus indicaciones y cambiar el rumbo. Pero el mensaje cifrado del almirante Sulu “instando a los rebeldes a aferrarse a un clavo ardiendo” enviado solo a las naves que acudieron al punto de reunión de emergencia, y minutos antes de que Caroline apareciera con el primer mensaje de la Hespérides…
Akira Sulu había sido el principal valedor de la Tte. Comandante Jameson desde apareció dando tumbos proveniente de una realidad alternativa. Siempre había parecido saber cosas que nadie mas sabía.
Y tampoco tenían otra opción.
La serenidad y silencio del vacío galáctico se rompió en pedazos cuando la Flota Maquis apareció en el sector procedente de velocidad Warp, y de inmediato todas las naves abrieron fuego a máxima potencia. Las naves quedaron unidas a sus enemigos por deslumbrantes cables de energía escarlata, mientras los torpedos explotaban secuencialmente haciendo pedazos los mamparos en un espectáculo de fuegos artificiales. hubo unas tímidas réplicas, pero la virulencia del ataque inicial fue definitiva. El cubo se sacudió presa de las explosiones secundarias, se hinchó como un globo, y estalló en millones de pedazos que volaron en todas direcciones, heraldos de la pericia de los capitanes exiliados.
Belkalel sonrió y se dejó caer en su butaca de mando, satisfecho. Aquello había sido… liberador. Tras varios días de tensión, de huir sin presentar batalla, de incertidumbre, de agotamiento mental, la posibilidad de descargar todas las frustraciones de la flota en un único punto había sido toda una experiencia. La pantalla se iluminó, llena con la presencia de Xankust, que pese a toda su imponente seriedad tampoco podía reprimir una sonrisa de satisfacción.
– ¿Lo ve, Belkalel? tan solo detectamos dos fuentes de energía en el sector. Uno es el portanaves caitiano que soportaba la linea contra el cubo que acabamos de destruir, y el otro parece provenir de un asteroide a 200 cliks de 2-2-1 . ¿Puede confirmarlo?. –
Belkalel asintió mientras revisaba sus propias lecturas – Eso parece, Almirante, y por lo que veo, el Portanaves es el Corregidor, su capitán es el hermanastro de Krysta, el otro viajero dimensional. Parece que vamos por buen camino. La pantalla parpadeó y se partió en dos, para mostrar el rostro sereno y firme del Capitán Yalil.
-Almirantes, pongo en su conocimiento que la USS Guardian no ha completado el último punto de ruta con nosotros. El Capitán Acl se ha marchado. –
Belkalel boqueó durante un segundo, y Xankust alzó una ceja, pero Yalil continuó – Segundos antes de salir, recibió un mensaje de unos viejos amigos de la academia. Estoy convencido de que tomó la decisión mas lógica, almirantes. –
– Lamento que nos veamos privados de su pericia, pero un capitán tiene que tener en cuenta todas las variables y tomar la decisión que juzgue adecuada – Xankust asintió, mostrando su conformidad con las palabras de Belkalel.
– Capitán, comunicación desde el USS Corregidor. – El mismo aviso se dio en los tres puentes, y la imagen cambió mostrando a un hombre alto y fuerte, con una poblada barba de candado. –
– Al habla Ronar Red, Capitán del USS Corregidor. La capitana Jameson me advirtió de su llegada, pero no me dijo que fueran capaces de entradas tan dramáticamente ajustadas. Gracias por su ayuda. Ya casi han llegado a su destino. Un portal TransWarp camuflado en el asteroide en las coordenadas que les envío es la última etapa de su viaje. –
Belkalel asintió a la pantalla – Muchas gracias, capitán. ¿Nos acompañará? –
Ronar hizo un leve gesto con la cabeza – Mas tarde, Almirante. Por el momento permaneceré aquí por si queda algún rezagado. No se preocupen. Mi hermana y sus nuevos amigos resolverán sus dudas al otro lado de la puerta. Corregidor fuera. –
Belkalel contempló el paisaje estrellado que había sustituido al Capitán Red. El viaje terminaba, y el nuevo hogar de los exiliados, un hogar preparado por el almirante Sulu y la capitana Jameson, les esperaba a tan solo unos minutos de viaje.
-Xankust a toda la Flota. Sigan las coordenadas proporcionadas por la USS Corregidor, con orden y tranquilidad. Y no bajen la guardia. Quiero dos voluntarios para mantener la retaguardia junto al capitán Red. Ya casi hemos terminado, capitanes. Un último esfuerzo. –
Y con orden y tranquilidad, haciendo un último esfuerzo, una a una las naves pusieron sus motores en marcha, y cruzaron el portal Borg rumbo a su destino final.

avatar por Continuum Q el Sáb Jun 15, 2013 9:20 pm
Esto ha estado bien. Quiero decir, ¡ha sido magnífico! ¡Un gran comienzo! ¡Una gran aventura!. Pero… ¿Sabemos como fue ese ese tiempo de la capitana Krysta Jameson al otro lado del portal? ¿No? ¿Nada de nada? Permitidme que os deje echar un vistazo. Unos pocos minutos de las horas que la U.S.S. Hespérides pasó allí, antes que la Flota Insomnia apareciera y cambiara el destino de aquel sector para siempre. Seguro que os gustará. Observad, y no hagáis ruido. No queremos molestar…
La música de fondo era lo único que evitaba que las dos mujeres se miraran envueltas en el más completo silencio. Las dos se estudiaban tratando de descubrir qué clase de persona era la que tenían delante. ¿Una amiga? ¿Una rival?
– Espero que tenga una buena explicación para esto… – la Directora Atthis Trainth consultó uno de los papeles que tenía sobre la mesa, era una karineqi  alta para los estándares de su raza, enérgica. Su  piel oscura contrastaba con las manchas que Krysta sabía que eran extensiones de su sistema sensorial, y también con su cabello blanco. Hizo una pausa – Jameson. Entiendo que están ustedes trayendo a mi sistema una flota.- Krysta conocía poca gente capaz de resaltar un posesivo de la forma en la que lo hacía Trainth. – Una flota de naves de combate de alta tecnología. Dígame ¿no se considera eso entre los suyos cómo un acto de guerra?
-Es una pregunta interesante, pero formulada en base a información incompleta.- Krysta maldijo para sus adentros al pescado frío y arrogante que tenía enfrente. 
– Traemos una flota de naves de combate, de naves médicas, de naves de exploración. Constructoras, mineras, recicladoras de agua, replicadoras de alimentos. Una flota de viajeros, exploradores y diplomáticos. Hombres y mujeres cuyo hogar son las estrellas. No ganamos nada destruyendo. Así que no, no traemos guerra. Venimos a ayudar.
Trainth respiró profundamente y dirigió a Krysta una mirada penetrante. Krysta intuyó, más que sintió, un roce en su red telepática. Se giró a medias hacia Cinco de Siete, su otra mitad. “Yo también lo he notado” le dijo la asimilada en su particular idioma sin palabras. La directora pareció relajarse.
– Mire Jameson, si por mi fuera les asignaría navegantes y guías y les incorporaría a nuestra red de defensa.
La mujer levantó una de sus finas y perfectas cejas de duende.
– Pero tanto usted cómo yo sabemos que no va a ser tan sencillo. Debo mantener una postura que “asegure nuestra soberanía”. O eso me dicen el Sanedrín y el Comité, por no hablar del Consistorio, que sigue discutiendo – añadió agitando en el aire una nota. – Supongo que debo sentirme afortunada por que los universitarios estén tan tranquilos.
– Puedo asignarles algo de personal de apoyo- continuó – pero poco más. Ni siquiera tengo las manos libres para proporcionarles cartas estelares.
Krysta tenía clara su respuesta 
– No estamos aquí para pedir nada. Somos auto suficientes. Mi presencia aquí es para avisar de nuestra llegada, y para que sepan que vamos a estar ahí fuera. Si deciden establecer contacto diplomático, nuestros canales estarán abiertos.
Trainth se apretó el puente de la nariz con dos dedos 
– Bien, supongo que habrá que dar la bienvenida a sus amigos. Iré yo misma con un par de naves, y avisaré a los universitarios. Sospecho que querrán estar presentes.
Suficiente. Pero ha estado bien, ¿verdad?. Pues lo demás es cosa vuestra. Suerte!
Hemos conocido nuevos capitanes, osados y valientes hombres y mujeres dispuestos a enfrentarse al mismísimo infierno, pero… ¿Cómo han legado hasta aquí? ¿Cual es su historia? ¿Qué obstáculos vencieron para alcanzar al resto de la Flota Insomnia?
Podéis agradecer a mi magnanimidad que os permita echarle un vistazo a cómo escapó la Ahab del dique seco en el que se encontraba.
Y recordad, no toquéis nada. No queremos crear otra realidad alternativa…
La expresión dubitativa del joven oficial de seguridad mientras examinaba el documento y se preguntaba quién habría sido capaz de una falsificación tan chapucera se vio alterada por un recio puñetazo que lo mandó trastabillando contra la pared del otro lado de la habitación. El otro oficial hizo ademán de sacar su arma, pero cuando levantó la vista se encontró un phaser apuntándole directamente a la cabeza. Al otro lado del mismo, una joven klingon le sonrió.
– Preferiríamos hacer esto por las buenas. – dijo la muchacha. Su acompañante, el responsable del puñetazo, era un hombre alto, en la cuarentena, con barba y coleta, que lucía un ostentoso parche en el ojo izquierdo.
– Caramba, amiga mía, tú sí que sabes ganarte a un jovencito. – dijo el hombre, mientras pasaba al lado del oficial, se agachaba junto al caído, y cogía a su vez el arma que este portaba a su costado.
Una sonrisa desesperanzada, cómo de alguien que se ha dado cuenta de que todo el tiempo la broma era acerca de él, se abrió paso entre sus labios al tiempo que encendía su comunicador.
=// Señor De Porti, haga esa magia que hace usted con los ordenadores y desactive los rayos tractores.\\=
La respuesta, con un profundo acento italiano, no se hizo esperar.
=//¡Tutto subito, capitano!\\=
Heinrich von Gregorius nunca sabría la verdad acerca de si su oficial de navegación hablaba realmente así o todo era parte de una elaborada tomadura de pelo, sin embargo, un zumbido profundo y descendente indicó que los rayos tractores perdían potencia, el hombre se permitió una chispa de esperanza.
=// Anna, corazón de papá, ¿verdad que vas a ser un encanto y vas a soltar las pinzas de sujeción de la astronave?\\=
=//No puedo creer que de verdad estemos haciendo esto. Ese trasto apenas puede volar\\= respondió una voz joven e indignada al otro lado de la conexión de radio.
– No hagas caso, pequeña… – susurró el hombre mientras pasaba la mano por la pulida pared de la astronave.
Tanto el capitán von Gregorius cómo su primera oficial T’oraj sabían que la U.S.S. Ahab era vieja, difícil de mantener, casi podría decirse que temperamental. Pero era una nave que les había llevado con vida de un lado a otro de la galaxia, aguantando con daños que habrían convertido en polvo espacial a naves de su misma clase. Era una pesadilla para los técnicos, que en algunos puntos de los pasillos habían llegado a quitar las paredes para poder acceder mejor a un cableado que se empeñaba en dar problemas, que no eran capaces de explicarse cómo era posible que el agua de los conductos de refrigeración tres y cuatro se evaporara cuando todo indicaba que estaba a quince grados. Y sin embargo, había volado al combate contra cinco fragatas Orión con una saturación del núcleo del ciento setenta por cierto, había operado sin condensadores de grafeno durante dos días para escapar de naves klingon, e incluso, en una ocasión, había derribado un crucero pesado Mogai de un solo impacto de phaser, cuando el proyector se sobrecargó por una subida de tensión fortuita en el control de armamento.
Era una pesadilla, y a la vez un sueño. Una maldición y un amuleto de la suerte.
Era la U.S.S. Ahab, y el capitán von Gregorius, buscado por cargos de alta traición y proscrito de la Federación, jamás habría elegido otra nave para volar rumbo a lo desconocido, rumbo al siguiendote clavo ardiendo al que agarrarse, cómo llevaba haciendo toda su vida.
Interesante, ¿verdad? Seguro que os gustaría poder asomaros más veces al pasado de otros… Yo lo hago todo el tiempo. Pero no podéis, así que a esperar que el bueno de Q os permita alguna ojeada más.

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